TOKIO (AP) — Tal vez escuchó por ahí que el miedo al coronavirus se esparce más rápidamente que el propio virus.
De boca de funcionarios que tratan de calmar a la gente al ver que cunde el pánico. De su esposa. De sabelotodos que hablan de las distintas formas en que uno puede morir: por el cigarrillo, en accidentes de autos, por una gripe.
Nada de esto parece importar.
A medida que aumentan los casos --ya hay más de 76.000-- el miedo avanza con la fuerza de un tsunami. Y no solo en los alrededores de la ciudad china de Wuhan, epicentro del brote.


